jueves, 5 de mayo de 2011

amor


El Amor es desinteresado

Cuando el amor llega a entenderse, se descubre y reconoce que la entrega al ser amado es por el placer de sentir el gusto de dar las dádivas del corazón, sin esperar posibles recompensas posteriores.
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Si el corazón da y la mente calcula los premios a recibir, no es amor; es una inversión interesada, es un contrato de mercenarios disfrazados de enamorados.

Por otro lado, si hay que mantenerse bajo el mismo techo del amante por miedo a represalias, tampoco ahí existe el amor; es unicamente cobardía, cálculo y manejo de temores que cobran intereses.

Es conveniente pensar detenidamente en el secreto del propio corazón, cuál es el verdadero propósito de casarse. Las respuestas aparecerán siempre: "Tener un lugar más decoroso para vivir; un mejor acomodo en la sociedad; por huir de los problemas con padres y hermanos; tener nuevas experiencias" y demás.

Es mejor no casarse cuando las motivaciones son equivocadas, pues no se busca el amor, sino la recompensa de un contrato escrito frente a un juez.

Venturosamente, hay supervivientes afortunados a las necesidades habituales, quienes han tenido la suerte de contemplar vivir el universo florido del amor donde el alma se levanta cada día en sueño de besos, y estrenan caricias cada amanecer.

El amor no es un éxtasis platónico, es la pureza sin sombras, y en pareja es esperar cada mañana la primera alborada del mundo de los dioses, es la unión perfecta en esta Tierra.

Sinceridad

La sinceridad no es algo que debemos esperar de los demás, es un valor que debemos vivir para tener amigos, para ser dignos de confianza…
Para ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad, esto parece muy sencillo, pero muchas veces cuesta más de lo que se cree. Se utilizan las ‘’mentiras piadosas’’ para ocultar cualquier cosa que para nosotros es una tontería, pero que en realidad a la persona que mientes haces daño, y esta pequeña mentira que en un principio nos es nada se va haciendo más y más grande hasta que la verdad se acaba sabiendo y sorprendiendo a quien mientes.
La sinceridad no sólo se ve en las palabras, sino que también se demuestra por medio de nuestras actitudes.
Cuando se aparenta lo que no somos (en la edad, trabajo, amistad…) se tiende a aparentar lo que no se es (más joven, inteligente, educados…) Si se descubre la gran mentira que nos han hecho creer se nos viene a la memoria el refrán: ‘’Dime de que presumes… y te diré de que careces’’ y entonces se produce una gran desilusión ya que se pierden las esperanzas de lo que la persona no es en realidad.
También indicar que ‘’decir’’ siempre la verdad con palabras es una parte de la sinceridad, pero también hay que ‘’actuar’’ acorde con la verdad.
Para ser sincero se necesita tener mucho ‘’tacto’’ y esto significa que cuando debemos decirle a una persona la verdad de lo que pensamos y esta verdad la incomoda debemos utilizar las palabras, las expresiones correctas ya que el primer propósito es ‘’ayudar’’ a esa persona, y esto es necesario para que la persona escuché y vea que lo que se la dice va con buenas intenciones y sin ánimo de ofenderla.
La sinceridad también requiere valor ya que a la hora de decir la verdad a un amigo o a una amiga por ejemplo, el no decir la verdad no se puede justificar con no decirlo con el perder una buena amistad o por el concepto que se tiene de la persona.
La persona sincera siempre dice la verdad, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Ya que vernos sorprendidos mientras mentimos es más vergonzoso aún.
Al ser sinceros aseguramos nuestras amistades, somos más honestos con los demás y a la vez con nosotros mismos, convirtiéndonos en personas dignas de confianza por la autenticidad que hay en nuestra forma de comportarnos y nuestras palabras.
A medida que nos vamos haciendo más mayores, la sinceridad debe ir en aumento y debe convertirse en un elemento básico para vivir nuestra vida con auténtica plenitud y sinceridad.